LOS PORMENORES DE LA SOLTERÍA
Estos días de semana santa he acogido en mi hogar una amiga de Mallorca que se encuentra en la misma situación que yo: sufre del “síndrome de la soltería aguda”.
Durante nuestros paseos, cafés, cenas, juergas y otras actividades vacacionales la conversación más recurrente ha sido nuestra soltería y sus pormenores.
Es curioso, pero en que pasas de la treintena parece como si no tener pareja fuera una afección que se ha de tratar diariamente para no sucumbir a sus efectos.
En la década de la veintena más bien parece lo contrario, te agobias del noviete y siempre echas de menos tener más tiempo para irte de juerga con los colegas, salir al monte, de viaje… hacerlo todo sola. Y, mira tú, las cosas que tiene la vida que para entonces siempre estás emparejada. Pero llega un día en que tras la última ruptura te das cuenta que ese deseo se ha cumplido, que llevas un montón de tiempo sola a tu bola y que tampoco te encuentras contenta…es lo que tiene la condición humana: “nunca estamos contentos con lo que tenemos”.
En mi caso supongo que el hecho de haber sufrido todo lo que sufrí durante mi “año poltergeist” (de esto ya iré hablando en próximos posts) me hizo más dura, o rara, o especial, o peculiar como me llamó un amigo el otro día. La cuestión es que desde hace cuatro años me mantengo en esta situación, sola, vivo sola, trabajo sola y yo solita me busco la vida para desarrollar el máximo de actividad posible: viajes, deporte, cultura…
A priori, suena bien. Tener una forma de vida tan libre: “yo me lo guiso, yo me lo como”, pero sin embargo siempre hay como una especie de vacío.
Comenté con mi amiga, que todo esto estaba muy bien, pero que me resultaría todavía más agradable tener una vida tan plena si pudiera compartirla con alguien que estuviera o viviera de una manera tan plena como yo. No es la idea de compartirlo todo con alguien sino de tener alguien a quien contarle todo eso que he hecho el finde, mi último triunfo laboral, los resultados de mis últimos análisis… y que ese alguien no sea un amigo, ni un familiar.
Desde luego, es diferente el amor que sientes por cada una de las personas que te rodean y el tipo de amor que se siente por una pareja siempre se echa de menos, máxime si ya lo has conocido alguna vez.
En fin, un suspiro primaveral que me ha entrado…
Para celebrarlo un tema que, aunque no sea yo muy amiga de la música nacional, he decidido declarar B.S.O. para esta primavera que auguro cuando menos divertida:
¿A que anima?
Durante nuestros paseos, cafés, cenas, juergas y otras actividades vacacionales la conversación más recurrente ha sido nuestra soltería y sus pormenores.
Es curioso, pero en que pasas de la treintena parece como si no tener pareja fuera una afección que se ha de tratar diariamente para no sucumbir a sus efectos.
En la década de la veintena más bien parece lo contrario, te agobias del noviete y siempre echas de menos tener más tiempo para irte de juerga con los colegas, salir al monte, de viaje… hacerlo todo sola. Y, mira tú, las cosas que tiene la vida que para entonces siempre estás emparejada. Pero llega un día en que tras la última ruptura te das cuenta que ese deseo se ha cumplido, que llevas un montón de tiempo sola a tu bola y que tampoco te encuentras contenta…es lo que tiene la condición humana: “nunca estamos contentos con lo que tenemos”.
En mi caso supongo que el hecho de haber sufrido todo lo que sufrí durante mi “año poltergeist” (de esto ya iré hablando en próximos posts) me hizo más dura, o rara, o especial, o peculiar como me llamó un amigo el otro día. La cuestión es que desde hace cuatro años me mantengo en esta situación, sola, vivo sola, trabajo sola y yo solita me busco la vida para desarrollar el máximo de actividad posible: viajes, deporte, cultura…
A priori, suena bien. Tener una forma de vida tan libre: “yo me lo guiso, yo me lo como”, pero sin embargo siempre hay como una especie de vacío.
Comenté con mi amiga, que todo esto estaba muy bien, pero que me resultaría todavía más agradable tener una vida tan plena si pudiera compartirla con alguien que estuviera o viviera de una manera tan plena como yo. No es la idea de compartirlo todo con alguien sino de tener alguien a quien contarle todo eso que he hecho el finde, mi último triunfo laboral, los resultados de mis últimos análisis… y que ese alguien no sea un amigo, ni un familiar.
Desde luego, es diferente el amor que sientes por cada una de las personas que te rodean y el tipo de amor que se siente por una pareja siempre se echa de menos, máxime si ya lo has conocido alguna vez.
En fin, un suspiro primaveral que me ha entrado…
Para celebrarlo un tema que, aunque no sea yo muy amiga de la música nacional, he decidido declarar B.S.O. para esta primavera que auguro cuando menos divertida:
¿A que anima?
Comentarios
Por otro lado, hay momentos y días de debilidad en los que se echa de menos alguien a quien hacer mimitos (y que te los hagan , claro).
pero , te digo una cosa : TAMPOCO SE ESTA TAN MAL!!! jamboree.