miércoles, 29 de abril de 2009

INVASIÓN (DE HUMANIDAD)

El domingo tuve la ocasión de disfrutar la visualización de una película que me impactó, no por buena, si no por un doble mensaje de fondo que seguro no sólo yo habré “atrapado”.

El film en cuestión del año 2007 se llama “Invasión” y está protagonizado por Nicole Kidman. El argumento, bastante simple, narra las peripecias de una psiquiatra que, tras propagarse un extraño virus alienígena intenta salvar a su hijo que parece estar entre los contados inmunes. El virus afecta al comportamiento humano, convirtiendo a la gente en autómata, sin emociones. Y al decir sin emociones nos referimos a todas ellas, buenas y malas. Hasta aquí suena simple, pero… yo siempre tengo un pero.

En la película, muy de soslayo, se juega con la idea del bien y el mal. Intenta poner al espectador en la idea de que quizá “deshumanizarnos” quitándonos las emociones es la mejor manera de conseguir un mundo perfecto, sin guerras, sin violencia. Sin embargo, en una escena del principio, la protagonista comparte una cena con unos cuantos burócratas y diplomáticos entre los que se cuenta uno ruso que le siembra la eterna duda sobre el bien, el mal, las emociones y su íntima relación con el ser humano. La mujer sale muy airosa citando incluso algunos autores famosos y allí queda la cosa, como si esta conversación no tuviera nada que ver con la trama de la película. Pero al final, cuando ya todo ha pasado y todos son felices, resuenan en la cabeza de nuestra heroína las palabras del ruso, así pues:

¿Qué es lo que nos hace humanos? ¿qué nos diferencia de las bestias?. Son muchas las teorías. De hecho, estas preguntas, en mi modestia opinión son la base de la filosofía.

Como simple pensadora, nada académica y muy emocional, considero que son las emociones lo que nos hacen humanos. Que el mundo es como es gracias a la naturaleza y al efecto que, como humanos, hemos hecho sobre ella. Esto conlleva guerras, hambre, dolor, felicidad, alegrías, placeres. Vivir sin la conciencia del propio ser, sería vivir sin emociones y, para mí, la conciencia, la aceptación del propio ser pasa inevitablemente por las emociones, buenas o malas pero humanas.

3 comentarios:

El Pez Martillo dijo...

Pues mire usted que no creo que las emociones, per se, sean lo que nos hace humanos. Más que nada porque las regiones cerebrales encargadas de las emociones se encuentran en zonas profundas del cerebro, es decir, en zonas más bien primitivas y que compartimos con muchísimas especies. Lo que en sentido estricto nos hace diferentes es la corteza cerebral, más desarrollada, en la que residen las funciones "superiores" (cálculo, lenguaje, pensamiento abstracto...). Pero no es que los otros animales no los tengan sino que no los tienen tan refinados como nosotros.

Eso sí, una cosa que tenemos es que las zonas de la emoción están conectadas con la corteza, lo cual permite mucho juego con ellas, y ahí sí que hay una gran diferencia (de simple sentir a poder administrar, ocultar, expresar... lo que se siente hay un gran salto).

Salud!

PENSADORA dijo...

Esto, esto! ahí le ha dado usted (como siempre) amigo pez.

Muy posiblemente la gran diferencia es esa: la administración o gestión. Un humano puramente emocional también se acercaría en demasía a una bestia, sin control.

¿Ha visto la peli? seguramente lo único bueno que tiene es el mensaje y la forma de tratarlo, único motivo por el que vale la pena verla.

En fin, ¡feliz puente! ah no, que igual usted no tiene puente... jejeje!

El Pez Martillo dijo...

Puente, lo que se dice puente, no tengo, que el primero de mayo curro por la noche (lo cual me deja todo el día para mis asuntos). Pero no me quejo, que hace ná he tenido quince días libres, y a la vuelta de la esquina (en medio mes) tengo mes y medio largo de vacaciones... (cosa de los jefes, que no quieren que me acerque al trabajo y haga sombra a todos los demás, jejeje).

Saludos.

PD: la peli no la he visto. Soy un cinéfilo que no veo cine (lo cual me da pie para una entrada, jejej).