martes, 12 de abril de 2011

ADAPTARSE O MORIR


Una de las grandes capacidades humanas es la adaptación. A través de ella, nos hemos llevado la palma en contra del resto de los seres vivos del planeta y, a través de ella, hemos conseguido ser el mayor depredador. Con esa máxima, hemos de entender que la supervivencia es posible siempre que se esté dispuesto a aceptar la propia condición y posibilidades. Como en todo, la superación es cuestión de aceptación. Es decir, sólo aceptando con realismo y objetividad lo que sucede, es posible transitar un cambio y utilizarlo como medio de adaptación y superación.

Se me ocurre que, con esto de la crisis, muchos tocan fondo ya y muchos lo haremos pronto, pero no es momento de lamentaciones. Podemos obcecarnos e intentar cambiar aquello que no depende de nosotros pero al final siempre daremos contra la misma pared. La mejor y menos dolorosa salida es aceptar la realidad desde el prisma de la objetividad y preguntarnos qué es lo realmente necesario para que un ser humano se mantenga vivo. A partir de allí, empieza la hora de la adaptación: es posible aceptar el cambio aunque sea a peor pero, a través de la certeza de haber tocado fondo, éste se ha de convertir en el impulso que nos lleve a una mejoría que muy posiblemente no será económica ni material, pero sí humana… muy humana.

Muy posiblemente somos muchos, más de lo deseable, los que habremos de aprender a vivir con mucho menos pero aún así, la certeza de que la supervivencia básica está asegurada por nuestra propia naturaleza nos ha de conducir a una nueva forma de vida, más sencilla pero no menos feliz porque de nada sirve un vehículo estupendo si no se tiene dónde ir, ningún encanto tiene un paisaje exótico sin nadie con quien compartilo y cuando digo nadie, me refiero también a uno mismo. A lo mejor ya no conduciremos coches nuevos, ni viajaremos a Asia para vacaciones, no comeremos o cenaremos en restaurantes caros para reunirnos con los amigos pero siempre quedarán los parques para hacer un pic-nic y los trenes y autobuses siempre podrán acercarnos a un rincón que no sabíamos existía a escasos kilómetros de casa.

Cada uno de nosotros puede ser un Ave Fénix y resurgir de sus cenizas en un nuevo orden. Lo dicta nuestra naturaleza humana.

Palabra de pensadora.

3 comentarios:

jessus dijo...

amén!

Lolíndir Palantír dijo...

...ahí le ha dado, su MAJESTAD, ...es y será el nuevo orden.!!!

PENSADORA dijo...

for the glory of my motherrlll!!!