martes, 26 de abril de 2011

OLOR A LOLINDIR

Los recuerdos tienen el poder de la difuminación y así, se convierten en sabores, colores, olores… sensaciones.  Pero sobre todo: olores.

Mi primer recuerdo sensitivo se remonta a mi temprana infancia: olor a hierba segada mezclada con excremento de vaca. Así recordaba yo el pirineo mientras habitaba allá en Suramérica. El sabor a cominos y frutas dulces con final casi amargo, me recuerda a mi adorada Venezuela. También el olor a mar y la sensación pegajosa del calor húmedo.

El hospital, para mí, huele a lavandería. Es el olor de sus sábanas lo que me le trae a la memoria. Así, para mí, el abrigo recién sacado de la tintorería huele a hospital.

El olor a tierra mezclada con sudor, me recuerda al primer amor ese que siempre estaba en contacto con la tierra ya fuera por trabajo, ya fuera por acompañarme a las alturas de nuestro pirineo: el que tanto nos encontró y desencontró.

Hay un olor particular, uno que cada vez disfruto más: el olor a Lolindir, mejor dicho, el olor de la casa de Lolindir. Es un olor que me recuerda muchas cosas no lejanas pero ciertamente pasadas. Recuerdos de alegrías, música, baile, descanso, paz, confidencias y sobre todo, para mí, se ha convertido en olor a abrazo: ese abrazo amigo que te dice “no estás sola”, te acoge y embelesa procurando dificultad a la partida. Partida que al final resulta dulce porque no hay nada mejor que tener un motivo para volver, aunque sólo sea por cuestión olfativa.

¡Hurra por mi Lolindir! Amigo.

1 comentario:

Lolíndir Palantír dijo...

el hurrá se lo hago a Ud ,Majestad!!!! ya sabe que siempre la recibimos con mucho gusto, afecto, cariño con aquella ganas tipico de los niños que sueñan con el preciso momento del encuentro!!!
Un gracias para Ud, exactamente porqué es UD!!!!
La queremos mucho, muy Mucho...no se lo olvide nunca.