miércoles, 13 de noviembre de 2013

La “viejera” y el fin del romance



Esto sí es algo que no puede cambiar: el tiempo pasa y punto.  Aunque una se sienta y actúe como una chiquilla, el mismo oxígeno que nos sirve para respirar también nos oxida y la gravedad ejerce su acción inexorablemente pese a cual parte del cuerpo le pese.

Pero no es sólo una cuestión física/biológica esto de hacerse mayor.  La visión también cambia y parece como si todo se tornara en extraños colores otoñales muy acordes con la fecha de hoy.  Porque hoy es el día en que me doy cuenta que con la edad también llega una especie de final de un romance.

La perspectiva cambia y lo que antes hacía ilusión, ahora cansa. Como en un matrimonio aquellos detallitos del otro que al principio te hacían gracia o producían ternura, con los años resultan ser aquello que más te enerva.

Doy por hecho que esto, como todo, es cuestión de adaptación.  De aprender a mirar las cosas desde la nueva perspectiva que otorga el simple “darse cuenta”, cosa la cual siempre es un paso en la buena dirección.


Será cosa de la “viejera”.

4 comentarios:

POL dijo...

Parar cuenta, eso es, igual hay momentos en que nos hace falta más, pero en definitiva, deberíamos hacerlo todos los días, porque cambiamos constantemente, y también lo que nos rodea. Si somos capaces de hacerlo a diario no caeremos en esos baches de la "edad".

PENSADORA dijo...

¡¡¡JEJEJE!!! "Parar cuenta" si es queee...

Sí "apañero" hay que mantener los ojos y sobre todo el tozal bien abiertos.

Ale pues!

miguel ángel salinas gilabert dijo...

Yo no termino de asumir que cuando juego al fútbol me acaben doliendo las articulaciones. Aparte de lo corpóreo, el otro día me entró una gran desazón, cuando me di cuenta de que en pocos años nos habremos quedado sin nuestros mayores. Uff...

PENSADORA dijo...

"uff" sí Miguel Ángel: "UUUFFF"

Pero es algo que tenemos que asumir, lo mismo que tenemos que asumir que tras ellos vamos nosotros.... ¡¡¡¡REQUETE-UUUFFFF!!!