lunes, 18 de enero de 2010

ELEVAR ANCLAS


Una de mis mejores armas (herramientas, diría un psicólogo) para sobreponerme cuando la soledad acecha es comerme una mega-jornada de “Sexo en Nueva York”. Aunque ya no la pongan en la tele, penssister se apiada de mí y me presta los DVD que tiene en su gloria.

Hay un capítulo que se llama “levando anclas” y la protagonista divaga sobre los efectos de nuestro pasado sobre el presente. Al final del capítulo, compara el pasado con una pesada ancla que hay que elevar para dejar atrás quienes fuimos y abrir paso a quienes seremos a partir de ahora.

Yo me pregunto ¿cuántas veces debe uno elevar anclas en su vida?. Mi yo positiva, la que se recuperaba hace un par de años de otra ruptura, diría que cuantas veces sea necesario. Al fin y al cabo ni siquiera dentro de una hora seremos las mismas personas pues como seres vivos cambiamos continuamente.

Pero mi estado actual me grita que al final todo cansa. Que por muchas ganas que se tenga, por muy valiente que se sea, si no es el pasado propio, será el pasado de otros el que venga a anclar nuestros corazones.

Cuando la crisis con ex­-pensboy comenzó me “até los machos” y decidí luchar. Pensé que con mi empuje, con mi experiencia y con mi cariño él sabría elevar su ancla y podría cogerme de la mano para abrirse paso en su nueva vida con la suerte de tener alguien al lado que le acompañaría y ayudaría. Erré.

Las anclas pesan mucho porque están hechas para combatir los embates de los mares y océanos, hay que ser muy fuerte para elevarlas y lo más importante: hay que querer hacerlo realmente.

Así que me toca aceptar que cada uno es responsable de su propia embarcación y sus propias anclas. Me haré cargo de mi velero, entrenaré entonces mis músculos y buscaré mi fortaleza para elevar esta nueva ancla que parece querer estancarme aquí, una vez más, en mi soledad.

5 comentarios:

Lolíndir Palantír dijo...

la ganas de seguir lo es todo, de ahí la fortaleza, la fuerza fisica y no fisica, para seguir adelante en los momentos menos agraciados de nuestras vidas!!! ayyyyyyyy majestad, ya encotrará en su camino la hora en que hay que zarpar hacia nuevos parajes, y cuando esa hora llegue todo en el barco estará listo para la conquista de nuevas tierras!!

Jarttita. dijo...

Yo tengo una teoría:

Creo que el corazón no es una caja de madera y que si un ancla un cuarto ese cuarto se pierda para otra. Yo creo que una de sus grandezas es su elasticidad, y que salvo casos raros raros, siempre encontramos la forma de hacerlo y de encontrar otra forma de tirar del ancla.

Niña, que tú te mereces un barco muy grande y muy bonito, y eso tendrás.:)

Un beso marinera.

CASIOPEA dijo...

Hay veces que el ancla es tan tan pesado que no nos deja avanzar.
Otras veces nos viene bien que pesen para que nos pensemos las cosas antes de hacerlas y no corramos demasiado.
eso si que cada uno lleve la suya, nunca la de los demás

El Titanic, también se hundió dijo...

Creo que ningun marinero dudaria ni un segundo en cortar el ancla, cuando por haberse enganchado esta, no pueda zarpar su barco.
Si quieres, te presto la sierra...

PENSADORA dijo...

Nada chic@s! que estoy entrenando para coger fuerza y levantar mi ancla, pero la mía, la de mi propio velero. Es pesada "que lo flipas" pero sólo es una parte de la preciosa estructura de mi velero.

Gracias titanic por tu oferta, pero mi plan no incluye sierras, mi plan incluye enfrentarse a los mares con el velero al completo, incluida ancla.

Saludicos y gracias.