lunes, 25 de enero de 2010

"VICTIMITIS"

¡AINS! Que bien me sienta el despecho. Me pongo tierna, introspectiva, las musas se apiadan de mí y vienen a visitarme más a menudo… ¡que bien!.



Acerca de mi despecho estaba yo pensando lo fácilmente que caemos los humanitos en la situación de víctimas.

Resulta ser que la vida no es justa. La vida no es como un tribunal en el que hay un juez que dictamina: “usted ha sido bueno, se merece un premio” o “usted ha sido muy malo… ¡a la cárcel!”. No.

Cuando nos pasan cosas malas nos pensamos directamente que la culpa es de otros o de las circunstancias y si no somos muy maduros, si no nos hemos planteado que sólo podemos modificar lo que depende de nosotros mismos (es decir, sólo podemos modificar pensamientos o actitudes) nos mantendremos en ese estado de “esto no va conmigo” y no actuaremos. De esta manera nos posicionamos únicamente en la situación de víctimas, nos perdemos, no nos involucramos, dejamos de proyectar y nuestra visión de futuro se convierte en incierta lo que nos aparta de cumplir posibles objetivos beneficiosos.

Al no actuar, al no mirar hacia dentro para buscar soluciones que nos hagan sentir mejor, dejamos de darnos cuenta que el mundo a nuestro alrededor se sigue moviendo y nos dejamos pasar muchas cosas posiblemente buenas o no sabemos encontrar lo bueno en lo que nos pasa.

Los únicos responsables de nuestra vida somos nosotros mismos y de nosotros depende el grado de afección que los sucesos ejerzan sobre nuestro ser. Es decir, no por ser más bueno o más malo y/o hacer las cosas mejor o peor vamos a recibir una compensación o reacción justa o deseada. Recibiremos algo (acción/reacción) pero ese algo no necesariamente ha de tener la forma que nosotros esperamos.

En realidad y al contrario de lo que muchos piensan, la posición de víctima es más cómoda, más sencilla. El la postura del vago, la del indolente que no quiere saber nada más de lo que le viene bien y, aparentemente, no hiere.

La postura de víctima es la que no permite avanzar, la que nos estanca y paraliza. La que nos sume en el negativismo y nos amarga. La que nos hace culpar a los demás y por lo tanto nos hace creer que nosotros somos buenos, la vida es injusta y nos merecemos algo mejor que ha de llegar simplemente por azar. Y poco hay de azaroso en la vida.

Se me ocurre que en mi generación esa posición de víctima se está convirtiendo en una auténtica pandemia, como una enfermedad que nos afecta a todos en algún momento. A mi edad ya hemos tenido la oportunidad de sufrir algún trauma, algún suceso que nos ponga a prueba y somos muchos los que nos dejamos infectar por el virus de la indolencia y en lugar de luchar contra la “victimitis” como si fuera una enfermedad (buscando ayuda, mirando en nuestro interior y trabajando lo que nos afecta); nos quedamos allí, estancados, esperando una solución fortuita que nunca llega y acomodándonos en dar pena a los demás para reafirmarnos o renunciando a lo bueno que nos llega simplemente porque no lo sabemos ver pues estamos cegados por la venda del miedo.

Amigos internautas: menos “victimitis” y más acción. Las soluciones no llegan solas, lo que deseamos se puede cumplir pero no necesariamente de la forma que estemos esperando. Abrámonos al sin fin de posibilidades que hay en la vida para sentirse feliz, aunque sea de vez en cuando.

4 comentarios:

Rebeca dijo...

Como me gusta leerte así de bien! es verdad, cada uno construye su propio destino, aunque siempre andemos deseando algún golpe de suerte.

jessus dijo...

Bien dicho si señor!
Muchas veces esto es el resultado de la ecuación que nos inculcan:
Algo que desees mucho = Mucho esfuerzo y sacrificio, ya lo dice hasta el refrán "El que algo quiere algo le cuesta"
Y nada mas lejos de la realidad, a veces la vida regala cosas sin que si quiera te hayas puesto a buscarlas, y otras veces por más que te empeñas y sacrificas, no consigues nada y si lo consigues no es como lo esperabas o no merece la pena.
NO TODO LO BUENO ES CARO.
Y ser vago no es tan malo,si te ayuda a no caer en la infelicidad de intentar cambiar las cosas y no conseguir nada a cambio.
Si aceptamos las cosas tal y como son, todo es un regalo

PENSADORA dijo...

Me quedo con esa frase tato, "Si aceptamos las cosas tal y como son, todo es un regalo", me ha encantado, me la repetiré una y otra vez de ahora en adelante.

Gracias Rebeca, sí me voy encontrando mejor aunque lo peor todavía no ha pasado... hace falta tiempo y nuevas vivencias.

Lolíndir Palantír dijo...

...todo eso me recuerda en una escala menor dos libros "Las nueves revelaciones" y " El secreto". Claro que hay que currarse lo que uno quiere, y vaya si no hay sacrificios y esfuerzo detrás de todo esto, pero tb somos lo que reflejamos y proyectamos.....además de lo que comemos y bebemos, vamos lo que metemos en nuestro cuerpo sea eso material o espiritual.
besos