EL PIROPO


Esperaba paciente en un paso de cebra a que el semaforillo peatonal me diera luz verde, cuando ví pasar, por la acera de enfrente, una llamativa hembra con sus pitillos y sus tacones de quince centímetros de los chinos. En ese mismo momento escuché un silbido y, extrañada, busqué en derredor el origen de semejante sonido.

A mi izquierda, en la otra esquina, trabajaba un obrero en la pintura de otro paso de cebra que, ni corto ni perezoso, había detenido su labor para contemplar la maravilla de aquella mujer sin dejar de silbar, sesear y mirar de arriba abajo en una estampa que hacía tiempo no había visto yo darse.

Y es que la crisis está afectando incluso a esto. Como ya casi no hay obras, ya casi no hay obreros en la calle. ¡Con el bien común que realizaban levantando el ánimo a las damas!. Y con lo emocionante que resultaba tensar los musculitos al pasar por una obra sabiendo que de un momento a otro te iba a caer un piropo de esos que sonrojan y hacen dar respingos.

Me ha alegrado la estampa de hoy. Aunque no fuera yo misma el objeto, me he reído un rato porque la incauta ni se ha percatado o, al menos, eso nos ha hecho creer.

Comentarios

jessus ha dicho que…
Seguro que no era pa ti??? además de pobres, la crisis estará dejando ciegos a los obreros también...
PENSADORA ha dicho que…
¡JEJEJEJE! Jessus, usted, que me mira con buenos ojos. (Con permiso de su señora, of course!)

Besico!
El Pez Martillo ha dicho que…
Pues yo nunca he visto a un obrero piropear a una muchacha.
PENSADORA ha dicho que…
Porque no habrá prestado atención Pez. Los piropos de los albañiles son famosos en toda españa y parte del extranjero.

Para que veas si se está perdiendo la tradición que alguien tan observador como tú no se dé cuenta o desconozca el asunto.

A ver si se retoma el asunto del piropo entonces, que anda la cosa escasa y en tiempos de crisis y mal rollo generalizado viene muy bien.

Salud!

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