sábado, 13 de noviembre de 2010

DEMASIADO PRONTO PARA ANOCHECER


Lo que menos me gusta del otoño son sus anocheceres, que no sus amaneceres ni atardeceres llenos de esa luz misteriosa, como envejecida, color fucsia y lila para el cielo, vainilla para el paisaje.

A las cinco y media de la tarde cae la luz y la ciudad se ensombrece y enfría. Como amenazando con el frío que nos espera a la vuelta de la esquina, como queriendo dejar claro que aunque ya encendamos la calefacción, dentro de poco será peor.

Empieza la decadencia, ya no apetece nada y hay que sacar toda la voluntad para algo. Anochece demasiado pronto y sin sol, la vida se ralentiza.

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