lunes, 29 de noviembre de 2010

SAN MARTIN DE LA BAL D’ONSERA

La sierra de Guara esconde rincones encantadores, plagados de bellezas naturales y, a veces, decorados con los vestigios de construcciones antiguas que aportan ese toque mágico a según que parajes.

Así ocurre con la ermita de San Martín sita en el barranco de la Bal d’onsera. Un hermoso paraje que, como no podía ser de otra manera, esconde alguna leyenda.

Se dice que el Rey Pedro IV se acercó al lugar para pedir por la fertilidad de su tercera esposa: Leonor, que inmediatamente quedó preñada. Siguiendo su ejemplo, D. Alfonso Felipe de Gurrea y Aragón (Conde de Ribagorza), junto a su esposa: Ana de Sarmiento, realizaron todo el camino a pie y descalzos, para pedir un hijo varón que nacería un año después de la hazaña.

Ninguno de estos señores se encontró por allí al Gigante de Guara que, según cuentan las trazas de leyenda que quedan por ahí, habitaba en la zona acompañado de un gran oso, último en su especie de los muchos que en la antigüedad plagaban la zona.

Lo cierto es que el lugar resulta realmente mágico. Abrazada por las grandes paredes rocosas del barranco, la ermita se aprecia únicamente cuando se está muy cerca como queriendo sorprender al viajero que la alcanza y, a su lado, una tímida caída de agua rocía el fondo del valle para darle de beber al barranco, que de seguro fue testigo de una época en que los reyes rezaban por su descendencia y los osos habitaban, plácidos, nuestros valles.






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