martes, 26 de agosto de 2008

26 DE AGOSTO DE 1975

Seis de la tarde, Concha se encuentra en su casa ultimando los detalles de su futuro parto y, tal como ella se imaginaba, en ese mismo momento rompe aguas.

Llama de inmediato a su cuñada que sabe estará en casa. Tito está de viaje hoy y llegará tarde así que más vale mandar a los niños con la abuela y salir rauda al hospital acompañada de la cuñada.

Seis y media, Tito llega pronto, un alivio. Se encaminan los tres al hospital y una vez allí el comadrón examina a Concha sin mucha dulzura ni cuidados.

Ocho de la tarde. Sin mucho dolor pero muy lentamente, Concha va dilatando mientras toda la familia ya espera afuera. Todo un acontecimiento: el tercer hijo de la familia.

Tito recuerda la noche en que su mujer le dijo “tranquilo cariño, podemos”. Para entonces, los medios de contracepción eran un tanto rudimentarios y, tal como les habían aleccionado, confiaban en el método ogino. Método que tras cinco años disfrutando de su “parejita” de hijos, una niña preciosa y un niño con cara de ángel, les traía otro hijo, esta vez, no esperado. Además hoy hay partido de fútbol… este niño no conoce el don de la oportunidad.

Nueve de la tarde. Concha está tranquila, todo va bien aunque Tito ha decidido compincharse con el comadrón y ambos se encuentran encerrados en enfermería mirando el partido de fútbol.

Diez de la noche. Concha se impacienta, nota que la cosa ya va adelantada y por ahí no ha pasado ni un médico y el comadrón está embelesado junto a Tito viendo la tele. Avisa a su cuñada, el bebé está aquí, está segura. La cuñada abre la sábana para echar un vistazo y comprueba que, efectivamente casi se puede ver la cabeza.

En este momento Concha recuerda sus plegarias al Santo Cristo de los Milagros, en la Catedral, rogando por su próximo hijo que no está bien situado para el parto que ocurrirá en breve y se da cuenta que ese revolcón que ha notado al salir de casa ha sido el niño que haciendo caso al Santo Cristo se colocado en situación.

Diez y media. Concha y su cuñada gritan al comadrón para que haga su trabajo de una vez. Este al ver la situación increpa a Concha: “mujer, haberme avisado antes” y Concha sólo tiene ganas de meterle una patada en ese trasero de inútil. El comadrón avisa al ginecólogo que monta en cólera al ver el parto tan avanzado sin haber actuado todavía.

Por fin, Concha es trasladada al paritorio a eso de las once de la noche.

Once y cuarenta minutos. Concha suspira aliviada. El niño se desliza como una pastilla de jabón y se posa en las manos del ginecólogo, éste lo entrega al comadrón que con ese acento oscense tan cerrado y ante la pregunta de Concha, exclama:

- ¡JODÓ! Que cría más guapa!

Y esa fue, por lo visto, la primera frase que oí al nacer.

Lo demás ya no cuenta.

10 comentarios:

Elena dijo...

Ays, qué historia más bonita... Me ha encantado. Yo nunca le he preguntado a mis padres por mi parto. Sé que llegué a los 8 meses, y no necesité incubadora ni nada... pero les estropeé a todos la comida aquel 7 de mayo de 1977.
Guapa, gracias por tus ánimos en mi blog. De verdad que los necesito, porque me siento fatal.... Pero todo pasará. Tiene que pasar.
Un beso y de nuevo mil gracias por los consejos....

Elena dijo...

y por cierto.... FELIZ CUMPLEAÑOS!!!

Anna dijo...

¡Mira que venir al mundo en medio de un partido de futbol..., haber esperado al descando, mujer...! jajaja ¡Feliz cumpleaños!

Horrach dijo...

Bueno, es de rigor felicitarte el cumple, Pens. Y ya sabes: ¡y que cuuuuuuumplas muuuuuuuuuuuchos maaaaaaaaaaaaaaaas!

Así que saliste antes de tiempo. Eso debe significar que ya eras inquieta, jajajaj. No sé si he contado en este blog que a mí me sucedió lo contrario, pues soy diezmesino. Mi madre siempre me recrimina que soy un vago, y que la prueba más clara está en los 10 meses que pasé en su vientre (y porque me vinieron a buscar, que si no...), a gustito y calentito. Pero sonó el gong un domingo por la mañana y tuve que salir a la fuerza. ¡El día del 'descanso del Señor', qué cabrones!

shalom

PD: mi parto también tiene cierta relación con el fungol, y es que mi padre se perdió su único partido del Mallorca (en 40 años) por culpa mía. Fue un domingo que parecía que yo iba a salir, al fin, y por eso mi padre tuvo que quedarse en el hospital (eso sí, escuchando el partido por radio) esperando la feliz venida de su primogénito. Pero al final me lo pensé mejor y estuve una semanita más en el acogedor vientre de mi santa madre. Mi padre siempre me recuerda la cabronada.

Wycherly dijo...

Muchas felicidades!!!
Que te la pases genial, que forma tan original de contarlo.
Un abrazo.

Laura dijo...

Muchas Felicidades, aunque con un poquito de retraso.
La historia me ha parecido preciosa.
Besos.

PENSADORA dijo...

Gracias a tod@s!

Ayer me lo pasé estupendamente, a lo mejor esto de tener la edad de cristo me trae buena suerte jejeje!.

Besos.

El Pez Martillo dijo...

Joer, lo que da de sí un parto.

Sé que es con retraso (no ha podido escribir antes), pero ¡¡¡FELICIDADES!!! Que caigan otros 33, y otros, y otros...

Y puestos a contar anécdotas de embarazos, mi madre se vio metida, sin comerlo ni beberlo, en medio de una carga de los grises en Barcelona, allá por diciembre de 1977 (plena Transición, ya sabes, manifas, grises, cargas...) con un pequeño Pez Martillo de unos siete meses en su interior. Y nací en domingo, pero por suerte mi padre no es futbolero y no le fastidié ningún partido (aunque no estuvo cerca, porque mis padres vivían en Barcelona y mi madre vino a Palma a tenerme y él se quedó allí por el trabajo). Ah, y trabajo justo al lado del paritorio donde nací (algún día de estos iré y le pondré una placa recordándolo, jejejej).

No lo creo, pero ¿esa foto es tuya?.

Un beso de cumpleaños (retrasado).

PD: tienes aquí 33 tirones de orejas que puedes venir a recoger cuando quieras.

PENSADORA dijo...

Efectivamente Pez, la foto no es mía.

Ya pensé en escanear una, pero no tenía tiempo y quería publicar la entrada el día correspondiente.

Gracias por la felicitación y los tirones de orejas, pues para septiembre.

Valentina. dijo...

Hola Pensadora.
Me retrasé un poco pero aquí estoy para felicitarte.
Entrañable historia.
Un beso.