miércoles, 20 de agosto de 2008

PERIPECIAS HOSPITALARIAS

Hace ya más de cinco años que voy de vueltas por el hospital, entre operaciones, quimioterapias, radioterapias y revisiones varias.

Hace cuatro que sólo acudo cada cierto tiempo a mis revisiones rutinarias para controlar mi adorado “bicho” y que no se aproveche de este “cuerpo serrano” para su propio beneficio.

Así que se supone que tendría que estar la mar de acostumbrada al hospital, sus olores y sus MALDITAS agujas.

Pues mira tú, hoy no. Hoy me he levantado rara y así ha salido la cosa: rara, rara… rara.

Para mí, una extracción de sangre es algo muy común, no tengo miedo y nunca me pongo nerviosa ni me mareo. Pero hoy…. ¡huy hoy!:

Ya al levantarme me ha dado mala espina la extraña sensación de debilidad que tenía, aún así, he cogido el bolso, mi volante de citación y allí me he plantado como hace seis meses (seis! Esto ya va alargando… ¡hurra!), pero no estaba tranquila.

Por fin me llaman y entro a la sala de extracciones, veo un sillón vacío con una enfermera joven esperándome. Me he sentado, ella me ha avisado:

- “bueno, un pinchacito”

- “ ¡¿pinchacito?!”,

Me ha hecho un mal que lo he flipado y encima no ha cogido bien la vena, así que se ha pegado los cinco minutos que cuesta sacarme los cincuenta mil tubos de sangre hurgándome y destrozándome la pobre vena hasta que he reventado. Me ha dado tiempo de avisar, muy educadamente:

- “por favor, ¿puedes parar, que me mareo?”

Y va y me suelta:

-“haber avisado antes”

Total, que no me he desmayado, pero he pasado mal rato y la situación ha sido divertidísima, yo respirando hondo y mirando un póster con una foto de una cascada, una enfermera abanicándome, otra marcándome las respiraciones y la otra pobre hurgando en la vena hasta que ha conseguido llenar los tubos. Al terminar, creo que estaban más nerviosas ellas que yo. No me han dejado levantarme hasta que lo he pedido por favor, que me aburría. Debía sacar tan mala cara que me han mandado directa a desayunar:

- “ahora, desayuna bien ¡¿eh?! “jamía””

Para haber hecho una foto o grabado un vídeo.

Este rato me ha recordado muchas otras situaciones que he vivido en el hospital, de más gravedad, pero que no dejan de tener su punto chistoso, al fin y al cabo, hay que mantener el humor, sea donde sea y como sea.

13 comentarios:

El Pez Martillo dijo...

Estas cosas pasan muy a menudo, más de lo que te crees. Y todos podemos tener un día tonto en el que nos ponemos malos por cualquier tontería.

Espero que con ese desayuno te hayas recuperado y ya estés llena de fuerza, que aún queda mucho día.

Y sobre los hospitales, casi vivo en un hospital, así que ya nada me impresiona (hace años que ya no noto ese caracterísitco olor que a nadie le gusta). Y las agujas me encantan. Cuando están en mi mano, claro, jejej.

PENSADORA dijo...

Jo que morro! ya me hablarás de agujas cuando te las tengan que estar clavando cada dos por tres.

Mira que siempre había sido valiente para estas cosas, pero con lo de hoy... uuuffff!!! y pensar que en sólo seis meses toca otra vez... joooo!!! que daño!.

En fin, lo mejor ha sido el zumito de naranja reconstituyente con un buen pincho de tortilla, además de la media hora de escaqueo del curro... jejeje.

Ala! salud que "haiga"!

Laura dijo...

Pues a mi me han dado sudores fríos sólo de leerte, lo que menos me gusta en esta vida es que me saquen la sangre, y eso que me la sacan a la primera y no me mareo.
Me alegro de que todo vaya bien.
Besos.

amigoplantas dijo...

La última vez que fui a donar sangre (no he vuelto a hacerlo), en lugar de desayunar fuerte me dio por ir en ayunas

"Pa" qué contar

PENSADORA dijo...

Laura: que suerte tienes, yo así iría encantada.

Amigoplantas: es que a donar y a sacare sangre hay que ir en ayunas, el zumito ha sido después. Bienvenido, pónte cómodo.

Horrach dijo...

uyuyuyuyu, agujas y hospital. Chungo. A servidor siempre le pasa algo cuando le enchufan una aguja, sea para sacar o meter algo (Voltarén, por ejemplo, por mis problemas de riñones y tortícolis). Por no hablar de las superagujas esas de la epidural, que me endiñaron en una de las operaciones para salvar mi pierna derecha (se salvó, aunque uno de los médicos recibió una abundosa vomitona por mi parte cuando noté el contacto de la agujita).

Pens, eso del 'bicho' interno es muy de las pelis de Cronenberg. ¿No habrás visto por casualidad 'Vinieron de dentro de'?

besos y ánimos

Vantysch dijo...

La última vez que ingresé en un hospital para mí todo era mágico. Hacía reír a los niños en la sala de espera, le hacía guiños a una chica anoréxica que había en una silla de ruedas, buscaba a la chica que amaba entre las caras de la gente...

Un pinchazo y a dormir. Diez días de ingreso y mil pastillas. Ahora, como tú, tengo que regresar de vez en cuando y mantener a raya a mi "otro yo" para evitar vivir la vida como un Mr. Jones cualquiera.

Gracias por compartir tus peripecias

Un besazo

PENSADORA dijo...

Horrach: no, no he visto la peli. Lo de "bicho" es una manera cariñosa de apelar a mi linfoma.

Vantysch: ahora recuerdo tu historia de las lunas, eras tu!... pues ahora sí que tengo más claro lo valiente que eres ¡campeón!.

El Pez Martillo dijo...

No se piensen que no he tenido mis experiencias hospitalarias, que también conozco el hospital como paciente. Aunque no fue nada grave (de hecho, no se supo lo que me había pasado), me llevé mi buena ración de pinchazos y pruebas.

Horrach, ha destapado usted una de las cosas más desagradables de mi profesión: cuando te potan, orinan, sangran o, en general, derraman fluidos y secreciones sobre uno. Me vienen unas cuantas veces a la memoria.

Horrach dijo...

Pens, sé a qué se refería con lo del 'bicho'.

Pez: ¿cómo es eso? ¿TODO tipo de fluidos?

PENSADORA dijo...

Jo pez! tienes razón, debe ser una putada bastante común lo de los derrames de líquidos, secreciones y excreciones humanas en tu profesión, ya sabes... gajes del oficio.

Que conste que yo siempre he sido una paciente muy limpita, siempre a tiempo de pedir la palangana o lo que se terciara.

Wycherly dijo...

Hay de ututy!!!!

Lo haces ver entre chistoso pero a mi no me da miedo que me saquen sangre, sino el olor del hospital,

Que valiente!!!!


Saludos

PENSADORA dijo...

Hola wycherly! el olor, uuuuffff, a mí es lo que menos me gusta del hospital, el olor de las sábanas de hospital me pone mala.