viernes, 7 de noviembre de 2008

ODA CARAQUEÑA


Las cosas que tiene esto de vivir en plena “era de la información”, una puede comunicarse con personas que están muy lejos tanto en distancia como en tiempo. Y es que desde hace un par de añitos vengo retomando la conexión con la gente que dejé atrás hace nada más y nada menos que dieciocho años cuando regresé con mi familia desde Venezuela (“mi patria querida”).

Conforme se va acrecentando el número de contactos, aproximaciones y estimaciones se va engordando también mi nivel de nostalgia.


Nostalgia de aquello que ya a duras penas recuerdo pero que sigue en mí en forma de sensaciones grabadas en la memoria. Esas sensaciones difíciles de encontrar como el calor no climatológico sino humano y la alegría en las calles. Mi Caracas con su Ávila, el cerro que desde su inmensidad vigilaba cada paso que yo daba por esas calles de contrastes en las que de un momento a otro podía cambiar tu vida o incluso serte arrebatada por un simple par de zapatillas.

Sí, allí viví y crecí yo. En la ciudad de las arepas y los tequeños de queso, del pabellón criollo y la plaza Altamira que fue gran testigo del nacimiento de una hermosísima amistad que nunca he olvidado. La ciudad que albergaba las torres del silencio y la cota mil desde donde se contemplaban los millones de lucecitas que iluminaban la urbe plena de vida. Con su parque del este donde me regalaron por primera vez una flor y donde me encantaba jugar con las perezosas que lloraban de verdad con lágrimas casi humanas. Y que decir del María Inmaculada, mi colegio, el contenedor de tantas alegrías, tristezas, vivencias y “trastadas” infantiles y adolescentes con sus monjas misioneras que recuerdo con cariño a pesar de todo. El colegio al que era una aventura llegar subida en un autobús con nombre propio en el que viajabas al ritmo de salsa y las monedas de a bolívar golpeando las barandillas.

Mi querida Caracas se merece mi homenaje como todo lo que es importante para mí, querría haber dejado aquí colgada la canción de Ilan Chester "Canto al ávila" pero ha sido imposible encontrarla, quizá porque es muy antigüa. La repasaré en mi memoria durante el día de hoy como si fuera un gran abrazo para la ciudad que me vio crecer y toda la gente que me acompañó aquellos años tan bonitos y que ahora regresan a mí para recordarme que un día hablé con "s" en lugar de "z".

4 comentarios:

Mari Carmen dijo...

Entiendo tu nostalgia porque yo, que he vivido en tantos lugares, estos siempre vuelven a mí, recordándome que fui tan feliz...

Saludos :)

El Pez Martillo dijo...

Te noto un poco nostálgica en las últimas entradas, y aunque no pase nada, hay temporadas que nos ponemos así. Supongo que el otoño tiene algo que ver.

SAlud!

PENSADORA dijo...

La nostalgia, quizá, está un poco devaluada. En realidad es un sentimiento bonito y emocionante que te ayuda a situarte en tu lugar actual.

La nostalgia, bien entendida, no es triste, sino alegre.

No se me preocupe amigo Pez que estoy muy contenta, un poco otoñal sí, pero contenta.

Y BIENVENIDA MARI CARMEN!

Di dijo...

Uno se da cuenta de lo que le importa y le gusta donde vive cuando se ha ido, a mi me pasó, ahora estoy deseando que llegue navidad para volver, ya me queda poco! Saludos y cuando sientas nostalgia ya sabes, coje el avión!