jueves, 2 de septiembre de 2010

MIEDITOS


Dormía cómodamente envuelta en mis sábanas, acurrucada en el centro de mi enorme cama, cuando un terrible estruendo interrumpió algún dulce sueño que ya no recuerdo.

Lo que tiene vivir en el casco viejo de esta mi Güeskonsin querida es que estás en lo más alto de la ciudad, así que si una tormenta ha de desatarse, los rayos caerán a tu ladito, siempre a la verita tuya… ¡menuda gracia!.

Un rayo detrás de otro, viento y ruidos variados me han mantenido la madrugada de hoy como en mi más dulce infancia: escondida debajo de las sábanas con dos almohadas y dos cojines como barricada de defensa. Resulta curioso, me encantan las tormentas en la montaña donde son más peligrosas, pero en casa, de noche, poco antes del amanecer y sola: así las odio.

Triste comienzo para un día que se adivina gris, húmedo y fresco. Todo un adelanto de lo que nos deparará el otoño.

2 comentarios:

El Pez Martillo dijo...

Piensa en positivo: al estar en alto tienes mejores vistas (eso sí, procura no salir con un hierro al balcón, jajajaj).

PENSADORA dijo...

Jejeje! querido Pez, no se me ocurriría y menos en una madrugada como la pasada.... ¡que infierno!.

Pero sepa usted que ya no tengo las mismas vistas del antigüo pens-ático, así que el pensamiento positivo irá dirigido a otras virtudes del nuevo pens-piso.

Algún día escribiré sobre él.

Salud! y gracias por decir cosas...