lunes, 15 de febrero de 2010

LIBERAR A MERCHE


Tres años atrás, mientras trabajaba, recibí la noticia de que allá dentro, en el taller, se había montado revuelo ante los maullidos de un mini-felino que parecía haberse quedado atrapado en el motor de una furgoneta Vito.

Los mecánicos, acobardados, buscaron mi ayuda sabedores de mi pericia para con los animales. Me acerqué, agudicé el ingenio y con algo de maña conseguí liberar al animalillo que asustado, al verse liberado se lanzó a mi regazo. Le miré, me miró y nos enamoramos la una de la otra. Así encontré a Merche: mi gata callejera.

Durante este tiempo, Merche (llamada así en honor de la marca del coche del que la salvé) ha hecho las veces de fiel compañera de piso. Como todos los gatos es esquiva y salvaje. Me destrozó el sofá con sus uñitas y más de una vez tuve que cerrarle la puerta del balcón para que me dejara descansar pues en primavera el celo le hacía buscar mi cariño maullando y arañando la puerta de mi habitación donde no le dejaba entrar.

Nunca le quise esterilizar. Tampoco le cortaba las uñas. Quise darle un trato lo más cercano posible a lo normal de un gato urbano. Era un animalillo más o menos libre. Tenía una gatera en la puerta del balcón a través de la cual se escapaba y pasaba horas merodeando por los tejados vecinos.

Al decidir dejar el pensático tuve que decidir también qué haría con ella. Lamentablemente, en casa de mis padres se me prohibió llevarla y empecé así la búsqueda de un nuevo hogar para mi Merche. Se abrieron opciones, llamé a alguna asociación y publiqué en Internet su perfil. Hubo poca respuesta y la que hubo no me convencía hasta que pensé que a lo mejor mi gatita callejera sería más feliz en el pueblo: libre.

Durante el trayecto desde Güeskonsin hasta el pueblo ella maullaba y yo lloraba pero conforme me acercaba pensaba más en su felicidad y disfrutando como siempre del paisaje natural y rural de las cercanías de mi pequeña ciudad entendí que Merche podría ser más feliz allí de lo que fue en los tejados.

Al abrirle el transportín en el patio de la casa, volvió a lanzarse asustada a mi regazo, como preguntándome ¿por qué me haces esto, mami? Hasta que, de repente encontró un rincón que le gustó, allí se escondió y me castigó: no quiso volver hacia mí que, asustada, la llamaba.

Con el corazón en un puño volví a montar en el coche y me autoconvencí de que había hecho bien, de que Merche ahora sería más libre que nunca.

Ayer me llamó mi cuñado para contarme que no sólo ya se ha adaptado a su nuevo hábitat, además, anda acompañada de otro gatito macho. Mi Merche es libre y además se ha enamorado. ¿Qué más puedo pedir?.

3 comentarios:

MAKOKE dijo...

Me alegro por Merche que se haya adaptado a su nuevo hogar. Espero que todo le vaya bien.
Yo la verdad no hubiese podido hacerlo, menudo disgusto y mal trago que tuviste que pasar.
Te queda el consuelo de ir a verla de vez en cuando.

alfonso dijo...

tenia el corazon en un puño mientras leia lo que habia pasado con ella
me alegro de que este bien

PENSADORA dijo...

¡PUES SÍ! Merche no sólo es libre: es feliz. Hoy me han contado que ya se ha hecho con una pandilla de amiguitas y todo.... si es que la he educado fenomenal!

Salud y orujo que no falten!